LOÏE. 11

En un viscoso y oscuro mar

Sobre "Plastificame el metaverso", idea de Estefanía Bianchi, dirigida por Agustín Julián Álvarez

24 de noviembre de 2022
Disponible en:
Español

Plastificame el metaverso, idea de Estefanía Bianchi, equipo de investigación conformado por Lourdes Dakak y Estefanía Bianchi, y coreografiado y dirigido por Agustín Julián Álvarez. Intérpretes: Estefanía Bianchi, Lourdes Dakak, Silvia Mancha y Ángela Epuyao. Asistencia coreográfica: Silvia Mancha. Audiovisual: Victoria Cozzarín. Vestuario: Jorgelina Szymborski. Asesoramiento de maquillaje y diseño de Peinado: Laura del Bosco. Iluminación: Eli Sirlin. Escenografía: Plastificame el Metaverso. Asistente en escenografía: Ezequiel Zeff. Sonido y Composición Sonora: Santiago Sanchez. Prensa: Daniel Franco. Producción: EstefanÍa Bianchi, Lourdes Dakak y Silvia Mancha. Realizado en Área 623, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Septiembre – noviembre 2022. Esta obra contó con el apoyo de Prodanza y de Impulso Cultural.

La obra Plastificame el metaverso que se desarrolló en el teatro Área 623 nos adentra en la lucha entra la naturaleza y la sociedad megaindustrializada.

Lxs espectadores se despiertan por la música de un piano en una escena orgánica en la que priman el tacto y el olfato, sentidos que le llegan a lxs espectadores mediante los gestos de las intérpretes. Las protagonistas están vestidas con telas sueltas y claras que acompañan sus movimientos mientras sienten las caricias en su piel y la suavidad del agua al lavarse las manos. En esta escena, se remite al cuidado propio y de nuestrxs pares, la cual es abruptamente interrumpida por la caída de un guante de látex negro que corta la música con un filoso golpe en el suelo.

Al principio, todas lo observan con miedo, pero luego una valiente se acerca tímidamente a inspeccionar el objeto, sin saber que este gomoso elemento sería el desencadenante del principio de su fin.

Ahora, la luz emana de focos fríos, la escenografía está armada por barriles y bolsas negras de basura, las aéreas telas que abrazaban los músculos son remplazadas por mamelucos de trabajo, el sonido amable del piano ahora se transformó en ruidos metálicos, semejantes a los que provienen de los dientes de engranajes y los movimientos se vuelven cada vez más marcados y repetitivos, casi imitando el accionar cíclico de una máquina.

 

Una de las protagonistas, atemorizada, recorre el espacio hasta que las otras performers la interceptan y la despojan de sus vestimentas. De este modo, es colocada sobre un montacargas y seducida por el metal. En su pecho pintan una línea roja, fractura de la que emana el liquido que corre por las venas. Así, sola, desprotegida y asustada, rememora su pasado junto a sus hermanas y nos cuenta la dicha que le brindó haberse criado en la naturaleza, donde su alimento eran los truenos y los relámpagos, descargas de energía y electricidad producidas sin la intervención de la mano humana.

Nuevamente, el recuerdo es cuajado por un rodillo negro que tiñe su cuerpo. Escuchamos como late su corazón acompañado por música electro pop y luces parpadeantes. La transformación ha comenzado, el líquido negro ha penetrado los poros y ya no hay vuelta atrás. Así, ahogada por este tóxico elixir se pasea por el espacio, mientras una de sus antiguas hermanas se pesa en una balanza, seducida y lujuriosa por el frío y metálico dispositivo, epitome modernista del control de los cuerpos.

Al sentir un grito de la naturaleza, la escena se oscurece y nos encontramos frente a un video en el que se observa una figura que intenta lavar su cuerpo acompañada por la secuencia 6 de Requiem en d menor de Mozart. Sus movimientos se vuelven más fuertes al darse cuenta de que, por más que intente, el jabón y el agua no pueden barrer la suciedad que la envuelve. Sucesivamente, el video muestra un compilado de imágenes que hacen referencia al consumo masivo, a la contaminación y a la destrucción causada por la sociedad contemporánea, hija del plástico y el artificio. Finalmente, aparecen dos personas cubiertas en film transparente sedientas de beber un agua que jamás podrá tocar sus bocas, ya que el plástico actúa como una barrera entra la gota y la lengua.

 

Al finalizar el video vuelven a escena las tres protagonistas desnudas, pero con partes de film negro en sus extremidades, el cual luego las vestirá en su totalidad. Mientras tanto, la figura que representa a la naturaleza sigue en su intento de lavarse las manchas negras de su cuerpo, casi como un espejo de las aves bañadas en petróleo. De nuevo, la batalla está perdida, al igual que sus hermanas, sus antiguas claras y sedosas telas son remplazadas por el rollo negro y brillante. A su vez, sus movimientos pierden su soltura y continuidad, y se desplazan por el espacio con la mirada perdida y con sus cuerpos cada vez más rígidos, dando cuenta de su mutación final e inevitable a la máquina.

Las cuatro hermanas se entrelazan con cuerdas en el medio de una lluvia de luces led verdes, guiño al color de las cascadas de símbolos de la película de ciencia ficción Matrix (1999). Están unidas, pero no se mueven en conjunto, sino de manera individualista, no se tocan, no se miran. Nuestras protagonistas libres y gozosas del principio han quedado presas del sistema que construyeron. El principio y el fin funcionan al igual que los cuerpos, es decir, como dos polos opuestos de un imán que, por más que lo intenten, jamás podrán tocarse.

***

 

Fotos: Victoria Cozzarin

Acerca de:

Pilar Alfaro

Licenciada en Curaduría en Artes por la Universidad Nacional de las Artes, se dedica a la gestión cultural, la curaduría y la crítica artística. Es becaria del Consejo Interuniversitario Nacional por un proyecto de investigación que vincula la práctica del drag, la curaduría, la teoría queer y los estudios de performance art. También es miembro de equipos de investigación de la UNA y la UBA.

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