LOÏE. 11

Casi como se exprime un limón

De las paradojas que atravesaron la vida y obra de Loïe Fuller, una tensión que nos hace mover

24 de noviembre de 2022
Disponible en:
Español
Cuando el árbol se mueve o se balancea, recibió una impresión del viento o de la tormenta…
Loïe Fuller, 1908. Citado por Bardet, p.79.

 

El roce

En la página 9, Marie Bardet escribe sobre lo que la Fuller inaugura con su arte: “Una danza de las texturas extrañas que (se) producen (en) el encuentro…”. Por razones obvias, no podíamos dejar pasar la oportunidad de ser nosotras también parte de este encuentro y producir(nos) otras tramas danzando entre palabras, imágenes y movimientos con su reciente libro Una paradoja moviente: Loïe Fuller (2021).

A través de su pantalla de letras y palabras, la autora no solo nos ilumina acerca de Loïe Fuller, de su vida, sus intereses y su labor artística (y científica), sino que la piensa en medio de una coyuntura especialísima dentro de la historia del arte y -también, sin riesgo a exagerar- de la historia de la humanidad: el encuentro entre la danza y el cine -entre la Fuller y los Lumière-. Encuentro que abre una serie de oposiciones supuestamente contradictorias: cuerpo/pantalla, carne/luz, material/inmaterial, emitir/recibir, acción/reflejo, captación/proyección, activo/pasivo, imagen fija/movimiento, fugaz/permanente). Una encrucijada tecnológico corporal que nos obliga a repensar la noción de lo efímero y lo experiencial -como características primordiales de la danza-, y a concebirlas no en cuanto un simple antagonismo con lo que perdura (o puede perdurar), sino en términos de una construcción de sentido.

Este cruce no es una antítesis sin más, sino una oportunidad para hacer estallar (rajar, dice Bardet) el sentido, habitar la paradoja surcando los binarismos para hacer aparecer -dar (a) luz, visibilizar- sobre la tela de la semiosis toda la gama de colores producidos por y que producen el contacto cuerpo, piel, tela, proyección, movimiento…, dando textura, dejando marcas en el tejido del sentido, que haciendo hace y se hace, que “capta y proyecta a la vez”.

En ese entre, se mueve esta Loïe, en ese entre acciona Bardet, en ese entre se juegan maneras de pensar la danza, el cine y la experiencia estética, modos de la memoria, caminos hacia el pensamiento de un pasado moviente, tensiones sobre lo que pasa y lo que queda, sobre las maneras de ver(nos), y las discusiones (eternas) sobre la magia de lo pasajero o el valor de lo que permanece. Es ese roce, justamente, dice la autora, el que puede provocar el movimiento del pensamiento hacia otras maneras del pensar y del mover.

Fotogramas, Danse Serpentine.

 

El goce

Una paradoja moviente comienza con un perfil biográfico de Loïe que refleja (de hacer ver y dejarse ver) su personalidad, el pensamiento sobre su arte y cómo la luz y los colores comenzaron a formar parte de su curiosidad e investigación artístico-técnica, y de cómo va construyendo su propia libertad -individual y estética- desbordando normas y asumiendo el goce.

En “Habitar los umbrales” (y durante todo el libro), Bardet realiza un estudio estético-po(é-lí)tico de la danza de la Fuller como bailarina, mujer y artista que se corre de las definiciones hegemónicas (y esperables) de estos tres conceptos y que se mueve por los bordes reorganizando lógicas de la danza, de la escena, de la corporalidad, y también, las de los roles sociales. Recupera y destaca su importancia como ingeniera y como científica en lo que concierne a la historia de la danza en relación con la tecnología y rescata su trabajo teórico sobre el lenguaje de movimiento llamando la atención sobre su particular modo de escribir anclado en la práctica.

Pero también aquí comienza el viaje por cómo esta biografía, este danzar por la historia, se trae al presente. Es decir, a partir de qué hechos, datos, situaciones, ideas, construimos -ahora- a la Fuller. Y un personaje resulta fundamental para irradiar las preguntas que guiarán el texto: parece que la primera Loïe en Argentina no fue la “verdadera” Loïe Fuller, sino un tal Leopoldo Frégoli, transformistx italianx, que la imitaba. ¿Quién es, entonces, realmente Loïe Fuller? ¿bailarina, actriz, científica o fenómeno? ¿es la luz que proyecta o la que absorbe? ¿es hombre o mujer? ¿es ella o su imitación? ¿cuántas Loïes hay? ¿qué es original y qué se copia? ¿cómo imitar lo que no tiene original? ¿Cómo reproducir una danza que depende de un encuentro presente?

Con este interrogante primordial sobre la identidad, entramos en las diferentes paradas del itinerario (de la mudanza) Loïe.

A partir de su investigación en torno a la luz y la iluminación escénica, y el desarrollo de sus artefactos, Bardet propone una otra mirada acerca de la etiqueta de “pionera” que la historia de la danza le atribuyó a la Fuller, y amplía la extensión de su sentido. No solo es la que inaugura un vínculo intenso con la tecnología, cambia los zapatos de punta por sus zapatos seculares de taco, relaciona la danza con otro tipo de cuerpos, sino que pone en primer plano la experimentación -con la materialidad lumínica y el movimiento impregnando sus vestidos-, lo que la aleja de la danza-coreografía y la narración lineal del ballet, y, al mismo tiempo, habilita otra manera de componer, otras imágenes, y otros roles artísticos para la mujer.

Cuando nos adentramos en las especificidades del cine y en su posibilidad de capar y proyectar, surge inmediatamente la pregunta: ¿qué hace el cine con la danza? Y, con ella, los misterios y paradojas de una película de danza –Danse serpentine (1897), la primera película de danza de la historia- que muestra a la Fuller, pero no a ella, que muestra su danza, la cual propone un encuentro presente y presencial entre cuerpo, danza, luz, tela, mediatizada, para reproducirla miles de veces igual, pero no. ¿Se puede fijar lo efímero? Y, también, cómo esta paradoja esencial se imbrica con el juego particular de imitaciones e identidades que propone la figura de Loïe, juego que resulta en un cambio perceptivo, técnico y de sensibilidad. Cómo la imagen hace movimiento y cómo el movimiento hace imagen.

Danse Serpentine, Hermanos Lumière, n° 765, 1896/7?

El gesto

En “Concreta abstracción”, Bardet trabaja sobre un tópico primordial para el lenguaje del movimiento: el de la tensión narración/forma/materialidad. ¿La danza cuenta o es pura forma? ¿qué papel juega lo concreto del cuerpo en movimiento sobre el escenario? Y, otra vez, la Fuller parece tener una respuesta que salta oposiciones. No se mueve ni desde/para una representación ilustrativa ni en una límpida abstracción gramática: Loïe encuentra un entre como modo de “poner a funcionar el material mismo”, y en ese modo de hacer Bardet destaca de la bailarina lo concreto de lo que mueve y lo que nos mueve: el gesto de la e-moción. Como exprimir un limón, como hacer cosquillas, como pararse debajo de la lluvia.

Y piensa, con Louppe y Rancière, ese momento inaugural de una danza contemporánea que implica -no una imitación ni una ilustración narrativa- sino una producción de sentido en la experimentación propia (individual/personal y concreta) con la materialidad (del vestido, de la luz, del cuerpo y del movimiento), y un régimen sensible del arte de la Fuller que envuelve una experiencia no inmediata del sentido -como vivencia extática o de comunión directa-, sino que viaja desde la escena hasta la expectación (y vuelve también) por “intensidades de corporeidad”.

En este sentido, la autora se ocupa luego de las relaciones (im)posibles entre imagen y movimiento a partir de la coyuntura tan particular de la Danza Serpentina filmada por los Lumière, y rajando -otra vez- de(sde) paradojas, propone entender la imagen como impulso, es decir, como generadora de movimiento y -a la vez y al revés- como generada por movimientos. Y, con ello, encuentra nuevas formas de pensar algunos de los más cristalizados sentidos construidos alrededor de la experiencia estética de la danza -y del cine- (y, sin ser explícito en su texto, también nos invita a pensar en el nuevo lenguaje artístico que se vale de su combinatoria, la videodanza).

Es Bergson quien propone pensar la heterogeneidad de lo real a partir de la noción de imagen antes que la de concepto. Noción que contiene un sentido que se relaciona menos con un conocimiento analítico -claro y definitivo- y más con una intuición. La intuición sería provocada por un conjunto de imágenes que activan un movimiento. En este punto, su filosofía se enlaza con la danza de Loïe. Para Bergson, la imagen es un impulso hacia un movimiento, la invitación a una actitud y, al mismo tiempo, esa imagen se hace con movimiento. Del mismo modo, para Fuller, no hay un movimiento que transmita o represente una imagen precisa, sino que su danza invita a una acción, a una actitud hacia imágenes o “e-mociones”. Es decir, Bardet, activa aquí la pregunta por cómo la danza comunica y qué comunica: cómo se constituye la experiencia estética de la danza, la relación delx bailarinx con lxs espectadorxs. La danza nos hace bailar, nos pone en movimiento hacia direcciones y pesos múltiples, desvíos compartidos pero diferentes.

La paradoja

Tocar y mirar. Dos conceptos que habían estado separados necesariamente como una oposición lógica entre lo material y lo inmaterial, lo concreto y lo abstracto, lo carnal y lo ideal, textura e imagen. Marie Bardet nos habla, en cambio, de una Loïe que construye una corporeidad háptica, un cuerpo que puede hacer imagen y tocarnos al mismo tiempo, que nos invita a accionar sobre su espesor moviente a través de una mirada táctil. Y a rajar de los regímenes de visibilidad hegemónicos, tanto de los estéticos como de los políticos, dando lugar -dando imagen-movimiento- a otra característica fundamental que hace a las discusiones sobre la identidad de la Fuller: su lesbianismo.

La Danza Serpentina de Loïe Fuller filmada por los hermanos Lumière se convierte entonces en la excusa perfecta para que acompañemos a Bardet en su viaje entre paradojas y sobre los márgenes del camino de la danza.

La oposición aparente que se plantea entre el cine como artefacto de conservación y la danza como arte efímero es similar a la denuncia que sufre la palabra cuando quiere hablar de danza: la prohibición estricta a riesgo de traicionar su esencia pasajera. Y, sin embargo, acá estamos, haciendo danza con palabras.

Les invitamos, entonces, desde LOÏE., la revista, a la Loïe de Marie Bardet, el libro moviente, con la urgencia que requiere el pensamiento sobre la posibilidad de rajar binarismos y de hendir la carne de experiencias y de sentidos múltiples.

 

Bardet, Marie. Una paradoja moviente: Loïe Fuller (2021), Eduvim, Villa María, Córdoba, Argentina.  

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Referencias:

Danse Serpentine (II): https://catalogue-lumiere.com/danse-serpentine-ii/

Danse Serpentine (I): https://catalogue-lumiere.com/danse-serpentine-i/

Chiens savants : la danse serpentine: https://catalogue-lumiere.com/chiens-savants-la-danse-serpentine/

 

*Foto portada: Magdalena Casanova

Acerca de:

Magdalena Casanova

Es Magíster en Crítica y Difusión de las Artes (UNA), docente de “Historia de las Artes del Movimiento” (PREU-UNA), crítica especializada en danza e investigadora del Instituto de Investigación y Experimentación en Arte y Crítica (IIEAC – Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires). Se focaliza en la investigación en danza, específicamente en el análisis discursivo de la crítica periodística de danza contemporánea porteña y, de manera general, estudia las relaciones que pueden existir entre la palabra y el movimiento. Dicta talleres y laboratorios de danza y escritura en diferentes espacios de formación.
Ha presentado el resultado de sus indagaciones en variados congresos y ha publicado artículos en distintos medios argentinos.
Es bailarina y profesora de danza contemporánea, trabajó como asistente coreográfica y de dirección en creaciones de danza y de teatro y participa en obras multimedia que ponen en juego el cuerpo y la escritura.
Es la editora general de LOÏE. Revista de danza, performance y nuevos medios.

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