Ilusiones: construcción en plural

Sobre "Instalar Danza 2026", Fundación Cazadores

14 de agosto de 2026
Disponible en:
Español

iteración nº4: tachaduras. Idea y Creación: Pepo & Tom. Diseño Sonoro y Espacialización: Miguel Garutti. Diseño de Iluminación y Asistencia Técnica: Santiago Vilanova. Duración: 40 minutos

Que funcione. Idea, creación y dirección: Lucía Giannoni. Creación: Rocío Bernardez y Lucía Giannoni. Diseño espacial: Magdalena Picco. Diseño de iluminación: Adrián Grimozzi. Asistencia de iluminación: Carolina García Ugrin. Asistencia general: Lina Frigerio. Producción: Melina Cruz. Colaboración en diseño sonoro: Guadalupe Otheguy. Colaboración dramatúrgica: Brai Kobla. Coproducción: Ximena Velázquez. Duración: 70 minutos. Función: Domingo 12 de abril. 

Estas funciones son una apertura de un trabajo en proceso en el marco del ciclo Instalar Danza en Fundación Cazadores.

  De sujeto que percibe (ver), deviene sujeto creador (hacer ver).
 David Lapoujade, Las existencias menores.

 

Domingo de abril, cae la tarde-noche, ya el año es una confirmación, voy a la séptima edición de Instalar Danza, que tendrá lugar durante dos sábados y domingos de abril en Fundación Cazadores. Instalar Danza es un ciclo que propone expandir el sentido coreográfico de la danza, invita a ocupar un lugar y dejar que el espacio mismo incida en la pieza artística que se presenta. El programa promueve la creación y producción de la danza a través de propuestas que exploran el diálogo entre lenguajes. Estoy hablando de interdisciplinariedad, de mixtura entre las artes, si es que hay muchas artes, y sobre eso me estoy preguntando. 

Instalar la danza es situar(la), es fundir los bordes con otros lenguajes artísticos, resultando en manifestaciones visuales y de movimiento, en mixturas que derivan en cuerpos que respiran generando imágenes, piezas que devienen pruebas, problematizan el espacio y lo interrogan: ¿cómo habitarlo?, ¿cómo polarizar el lugar del espectador?

Este año la curaduría estuvo a cargo de Bárbara Hang, quien, en su texto de apertura afirma: “la curaduría propone situarse en la autoría compartida como práctica artística y como gesto político. La convocatoria a duplas y grupos surge del interés por fortalecer el trabajo colaborativo y por concebir los procesos creativos como ejercicios de construcción colectiva”. Me dejo llevar por la esperanza que me genera tener ilusiones en torno a construcciones plurales.

Hoy se presentan dos escenas performáticas. La primera, Iteración nº4: tachaduras, a cargo de Pepo & Tom, quienes despliegan un tiempo dilatado donde la ambigüedad de las imágenes roza los bordes del sentido. El espacio en el que se mueven está construído por un sinfín de hojas tamaño A4 que, unidas entre sí, dibujan una curva que atraviesa el espacio de lado a lado. Dos hombres en escena, cuya presencia construye imágenes del orden de lo onírico, mientras transforman sus cuerpos en una entidad geminada. Ellos se entrelazan unidos por sus cabezas de cabellos largos, no se les ve el rostro, pero sí las costillas, expandiéndose y hundiéndose. Con esta imagen reflejan la acción primaria y sustancial de respirar. La palidez de sus pieles rebota contra el blanco del papel, se dibujan unas líneas rojas en unos labios que se entrevén a través de la cortina de cabello. Lo vincular se sostiene entre el vacío y la posibilidad. Los cuerpos instalan un ser informe antropomórfico y celular. Una guitarra eléctrica asciende desde el piso y flotando distorsiona el sonido. Son sobrevivientes del punk, preguntándose por las guerras, el amor y la poesía. Sosteniéndose uno en el cuerpo del otro, se metamorfosean, atraviesan un puente de papel, lo agujerean. 

La segunda propuesta, a cargo de Lucia Gianoni y Rocío Bernardez, es un proyecto escénico cuyo nombre es, a la vez que un título, un deseo; su mera enunciación convoca a la acción: Que funcione. Para poner a prueba las lógicas de lo grupal, la pieza invita al público participante a que funcione la obra en tanto propuesta como voluntad de tener un horizonte común. La obra manifiesta así en acto aquellas inquietudes a través de una puesta muy clara en la que ella, Lucía, se presenta habitando los contornos, delineando una  periferia, frontera o borde de la escena desde donde va instruyendo amablemente, a través de un walkie talkie, las indicaciones que constituirán la obra. Entonces, estrategia compositiva, el procedimiento será fundamento del sentido global del texto construido. El contenido versa alrededor de la comunidad y del hacer grupal, y dialoga -explícitamente- con la investigación de Joao Fiadeiro, artista portugués de la danza que trabaja sobre la composición en tiempo real. 

Lucía se presenta como testigo, “super testigo”, de lo que trama, de la relación que se gesta entre creador-espectador, que ya no son entidades escindidas del hecho escénico. Se constituye una prueba performática que resulta interesante para pensar que no hay tal diferencia entre el observador y el observado. De alguna manera, la relación queda manifiesta en esa tercera posición que despliega Lucía rotando de lugar y proponiendo un gesto performático construido por los espectadores. Si bien las acciones están dirigidas por ella, la propuesta es experimentar un lugar que puede ser concebido como un “entre” o un ¿intra? no dimensionado o previsto y únicamente posible entre esas personas, en ese contexto. 

Lo que se crea es testimonio del encuentro, no hay obra preexistente a estas acciones que se realizan. Hay ideas conjeturales, pero no una obra que antecede la acción escénica. No es una aventura de roles sino una estrategia, un experimento pensado para testimoniar una experiencia y la composición escénica de una(s) manera(s) en que la creatividad deviene investigación sobre lo comunitario, una postura política que requiere un descentramiento y una posición agentiva por parte del observador. 

“El testigo nunca es imparcial o neutro, le incumbe la responsabilidad de hacer ver lo que tuvo el privilegio de ver, sentir o pensar”, dice David Lapoujade. Y es en ese sentido, en el de hacer aparecer singularidades conformadas por el conjunto de personas, que lo singular es plural, y toma una forma con bordes distinguibles. 

Lucía bordea y filma con una cámara de mano el espacio y a nosotrxs. Aparece en una tercera posición que atestigua, como un ojo que va barriendo el lugar, y multiplica las posiciones que se reproducen en una pantalla. Instalada frente a un sillón, una tele donde (también) estuvo ella, retorna con el lente (de la cámara) la acción de la escena/instalación performática y la devuelve proyectada hacia nosotrxs, que nos vemos allí incluídxs, observando el recurso, evidenciando el artificio procedimental.

Todo lo que acontece está construyendo activamente un cuerpo singularizado.

El juego comienza cuando se hace evidente la relación entre nosotrxs, los elementos, la construcción en presente de la pieza y Lucía. Que funcione es una pieza incompleta. Nosotrxs, en tanto público, activamos la acción performativa. El borde que fija un escenario como separación se borra, entonces, damos un paso, entramos en la frontera que se transforma en el lugar donde sucede la interacción, el lugar donde se puede observar la relación de fuerzas como codependencia. 

La  composición de la obra resulta de las presencias que co-asisten y coexisten. Estamos aquí, en Fundación Cazadores, o en la mesa de mi casa desde donde estoy rememorando y actualizando la acción con mi escritura. Estamos nosotrxs junto a Lucía, en el marco de Instalar Danza, dirigiendo nuestras expectativas hacia una entidad matérica posible que es la de crear, colectivamente y desde el presente, la existencia de una propuesta en la que estemos todes incluídxs e involucradxs. 

Encender la maquinaria de las percepciones y entrar en juego. Lo que sucede no es absolutamente autorregulado, es amablemente dirigido en un intento de evidenciar lo que produce la acción colectiva. Un itinerario de actividades que van desde preguntas, divisiones grupales, la creación de un manifiesto y su posterior manifestación, un rompecabezas gigante y colectivo, una coreografía en tiempo real. 

¿Funciona? Yo creo que sí, ¡claro que funciona!, pero no es aleatorio, no es ingenuo. Hay un hecho artístico situado y programado. Hay una expectativa posible dada por el contexto. El retrato grupal proyectado se compone mientras miramos al frente. Algunos cuerpos se desnudan, es una imagen viva donde aparecen algunas pieles. En tiempos diferidos, se igualan los seres y rompen con la más elemental de las convenciones: el vestirse. Este es un banquete servido entre todos.

Lo que Instalar Danza me propuso fueron dos eventos de la percepción que me generaron imágenes dislocadas y experiencias procesuales, abriendo la escena del arte contemporáneo independiente actual en la Ciudad de Buenos Aires, en un formato interdisciplinario y performático. Formatos que crean nuevos espectadores, dispuestos a una manera de vincularse no ya desde la distancia con la pieza que se presenta, sino con la lógica del recorrido activo de una pieza tras otra en el espacio, invitándonos a imbricarnos en la construcción, apostando a un presente actualizado cada vez.

 

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  • Foto portada: Ana Rodríguez Baños

Acerca de:

Mercedes Osswald

Mercedes Osswald. Intérprete-creadora en artes del movimiento. Investiga en la escritura y sus alcances somáticos. Licenciada en Artes del Movimiento con Mención en Danza en la UNA. Profesora nacional de Castellano, Latín y Literatura, egresada del Instituto Superior del Profesorado, Dr. Joaquín V. González. Especialista en la enseñanza de “Escritura y Literatura para la escuela secundaria”, Nuestra Escuela. Diplomada en comunicación de la instituciones educativas, UCES, 2024. Maestranda en investigación en artes, UNA, 2024. Intérprete y creadora en Danza, Performance y Literatura.Sus principales intereses, actualmente, están orientados a investigar territorios de imbricación y afección artística para palabra y cuerpo, específicamente en la escritura como marca de un cuerpo y sus posibilidades sensibles de íntima expresión.

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