Transformar y disolverse en la transformación

13 de mayo de 2019
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Español

Notas para la montaña, dirigida por Gustavo Lesgart. Interpretación: Quio Binetti. Música: Diego Vainer. Escenografía: Mariana Tirantte. Iluminación: Paula Fraga. Vestuario: Cecilia Allassia. Asistencia de escena: Lucía Giannoni. Asistencia de producción: Andrea Lucía Vergel. Fotos: Ariel Feldman. Texto del programa: Jorge Zuzulich. Centro Cultural San Martín, Sala Alberdi, Sarmiento 1551, CABA, Argentina. Función: 25/04/19.   

Entra ella. En el espacio escénico aparecen distribuidos diferentes elementos que, a primera vista (y a segunda también), nada tienen que ver unos con otros. Objetos desconectados que intento relacionar inútilmente en mi cabeza (ese esfuerzo por entender que nos acomete irremediablemente a los espectadores de danza, esfuerzo, sin embargo, que no deja de disfrutarse, aunque se sepa estéril, porque es ese impulso el que nos mantiene, muchas veces, atados a la escena): un ventilador, unas bolsas que parecen de escombros, pequeños caballetes y unos largos tirantes de madera.

Entonces, entra ella. Con paso simple, pausado, sin ningún aditivo, se acomoda de espaldas a nosotros. Mira la escena, la mira con atención. Pienso si sus dudas serán semejantes a las mías. Podría ser, ya que sus movimientos no parecen estar fijados de antemano: evalúa los elementos, los observa largamente antes de tomar una decisión. Sin embargo, sus acciones están teñidas de una seguridad plena: va hacia allá, agarra un tirante, lo trae hacia acá, lo coloca en posición vertical, decide cada uno de sus pasos, se toma el tiempo para hacerlo. Camina hacia más allá, agarra otro tirante y lo ubica al lado del primero, mueve uno de los caballetes. Nosotros oímos el arrastre de la madera por el piso y algunos sonidos que acompañan momentos precisos. Con un tacho de luz, ella crea un marco, un espacio de observación donde no lo había. Pienso, “ahí va a pasar algo”. Pero no, no necesariamente. Ella sigue construyendo su andamiaje: otro tirante atravesado entre dos escalones, uno más que continúa en el suelo y un camino hacia arriba que va apareciendo. Mi cabeza, a esa altura, ya hervía por los intentos de crear enlaces significativos.

Foto: Sandra Cartasso

 

No es eso lo que le está pasando a ella. Se acerca lentamente hacia el ventilador que se enciende: siente el aire en su rostro, siento el viento en su cara. La veo respirar. Y descanso; voy a dejar que pase lo que tenga que pasar, como si fuera yo la que estuviera dejando que ese aire suave alivie mis pensamientos.

Entonces, avanza un ciervito por el dispositivo que ella acaba de crear con todos esos objetos y movimientos. Un dispositivo externo, que no es parte de ella porque fue pensado y diseñado por ella. Un ciervito en miniatura por un circuito en miniatura avanza cuidadoso y cuidado por ella. En el camino, podrá encontrarse con arbolitos en miniatura, arbolitos que ella también se ocupó de poner para el ciervito. Finalmente, observamos un paisaje, un mundo pequeño. Y lo disfrutamos. Pero, de pronto, salida de esas bolsas de residuos, la nieve artificial tapa al ciervito y desmantela la escena que tan cuidadosamente había sido construida. Esa misma nieve de papel es ahora la que va a colaborar para que sea ella la que se meta en ese mundo.

Acomoda los tirantes y arma montañas exquisitamente estables y endebles. Por allí va a transitar su cuerpo, por allí va a caer la nieve.

Foto: Sandra Cartasso

 

Observo con tensión (con la tensión de ese impulso del querer saber y de la empatía de movimiento) la delicadeza con la que avanza entre esas montañas, el cuidado mediante el cual sostiene el equilibrio entre su cuerpo y los tirantes (el mismo cuidado que había tenido en acomodar los elementos). Quizás, es esa cautela y esa preocupación por mantener lo que está armado tan minuciosamente la que evita que note la transformación que se avecina. Algo empieza a trocarse, a cambiarse. Es ella la que está arrastrándose entre la nieve, es ella la que comienza a mezclarse entre esos pedazos de madera. Otro dispositivo comienza a asomarse y a construirse, nuevamente, con muchísimo cuidado, pero, esta vez, es un andamiaje que se instala sobre su propio cuerpo. Uno en donde todos los elementos están sobre ese cuerpo y lo hacen otro. Ella es la que está ahora dentro del dispositivo. Y la transformación se produce y el sentido ya no importa y disfrutamos de saber que pensamos y que somos pensados, que decidimos y somos decididos.

 

Acerca de:

Magdalena Casanova

Es Magíster en Crítica y Difusión de las Artes (UNA), docente de “Historia de las Artes del Movimiento” (PREU-UNA), crítica especializada en danza e investigadora del Instituto de Investigación y Experimentación en Arte y Crítica (IIEAC – Universidad Nacional de las Artes, Buenos Aires). Se focaliza en la investigación en danza, específicamente en el análisis discursivo de la crítica periodística de danza contemporánea porteña y, de manera general, estudia las relaciones que pueden existir entre la palabra y el movimiento. Dicta talleres y laboratorios de danza y escritura en diferentes espacios de formación.
Ha presentado el resultado de sus indagaciones en variados congresos y ha publicado artículos en distintos medios argentinos.
Es bailarina y profesora de danza contemporánea, trabajó como asistente coreográfica y de dirección en creaciones de danza y de teatro y participa en obras multimedia que ponen en juego el cuerpo y la escritura.
Es la editora general de LOÏE. Revista de danza, performance y nuevos medios.

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