LOÏE. 05

El espacio para la danza en Fábrica de Arte Cubano

Entrevista con Sandra Ramy

21 de febrero de 2020
Disponible en:
Español

Fábrica de Arte de Cubano (o F.A.C.), con solo 5 años de existencia, se ha convertido en un lugar de obligada visita. Es un sitio único en Cuba que, dividido en distintas Naves donde pueden suceder diferentes presentaciones artísticas al unísono (como conciertos de música, obras de teatro y danza, clases demostrativas, conferencias, exposiciones de arte), mezcla el esparcimiento nocturno con la promoción del arte contemporáneo, abarcando todas sus formas de expresión. La danza es una de ellas y Fábrica siempre ha dedicado un espacio para su desarrollo. Sandra Ramy, la especialista a cargo del espacio de danza en Fábrica actualmente, es la protagonista de esta entrevista.

Fábrica de Arte Cubano tiene un espacio dentro de su programación habitual dedicado a la danza, tanto en modo de clases abiertas como de presentaciones. ¿Desde la fundación de Fábrica ya se tenía concebida esa idea? ¿Cómo ha ido evolucionando ese espacio? 

En un principio, la persona que estaba a cargo de danza en Fábrica era Guido Gali. Hemos trabajado juntos durante muchos años y compartimos el mismo enfoque en cuanto a lo que podría ser otro espacio para la danza en La Habana, en Cuba.

Fábrica es un lugar atípico, tiene sus propias características, el espacio mismo condiciona. También el público que viene a Fábrica, en muchas ocasiones, no es el público que generalmente va a las salas de teatro. Todo esto se ha tenido en cuenta siempre, tanto Guido en un inicio como yo cuando me incorporé en 2015.

Desde un principio, la idea es que este espacio de danza sirva como plataforma de proceso y visibilidad para creadores emergentes. Y siempre se les ha pedido que las propuestas tengan en cuenta lo atípico del espacio. O sea, aquel creador o aquel bailarín que viene a Fábrica tiene que asumir otro tipo de atmósfera: la gente está de fiesta, hay programaciones simultáneas, el tiempo de presentación es limitado, no hay silencio absoluto… Es decir, una serie de circunstancias propias de Fábrica que dictan un tono específico a la programación. 

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Ahora, respecto a las clases abiertas, es una idea de hace mucho tiempo. A través de ellas se genera diálogo entre los bailarines y entre los mismos creadores. Es una manera de acercarse a una clase de un coreógrafo o maestro que a lo mejor nunca antes habías podido tomar y también es una forma de visibilizar el entrenamiento o el modo en que los bailarines y las compañías trabajan a puerta cerrada, antes de exponerse al público. 

De hecho, a mí me gusta mucho más el fenómeno que se da con las clases abiertas que en las funciones. En la función siempre hay una conducta aprendida: tú eres público, tú llegas, te sientas, esto empieza, el bailarín está ahí ya condicionado también y dispuesto a que lo que va a hacer va a ser para el público. El caso de las clases y los talleres es muy curioso, hasta para los bailarines que toman las clases, porque en el entrenamiento estás concentrado en tu propio proceso, estás trabajando para ti, no estás en ese momento trabajando para el ojo del público, y el público es completamente libre de entrar y salir, de atender a la clase o mirar la exposición de fotografía junto a ella. Pero resulta que la gente se sienta con tremenda curiosidad a ver una clase llena de ejercicios que se repiten una y otra vez. Para mí eso es una cosa increíble, un fenómeno interesantísimo porque termina armándose una relación genuina entre bailarín y público. 

A lo largo de este año (2019) han estado presentes varios géneros danzarios, incluso en los talleres de verano, es decir, cada vez el espacio es más abarcador… 

Sobre todo en este año los talleres y la programación en general tuvieron la característica de ampliar un poco el espectro de estilos. Yo provengo de la danza contemporánea y en realidad a mí me interesa personalmente el trabajo de la danza contemporánea, sin embargo, este año me propuse tratar de ampliar el espacio. Ha habido Folklore, Flamenco y Capoeira, incluso Circo.

Llama la atención esa variedad de estilos, sin dejar de priorizar la producción contemporánea. Además, resalta a la vista la presencia de jóvenes coreógrafos e intérpretes. ¿Cómo se realiza el proceso de selección de las obras en el caso de los creadores más jóvenes?

Voy curioseando por ahí, viendo lo que está haciendo la gente. De igual forma, hay muchos jóvenes coreógrafos que se va acercando, porque el espacio ya, a lo largo de este tiempo, ha hecho que los creadores se acerquen y propongan hacer su trabajo aquí, y eso es motivo de alegría para nosotros en F.A.C.

En cuanto al tema del arte contemporáneo, esto va más allá de un estilo. Lo importante es que cualquier forma danzaria que venga a sumarse al espacio de Fábrica cuente con una visión contemporánea. Pienso que, aunque es complicado lograr esa visión porque hay un estado no muy feliz del pensamiento y de la madurez creativa, es bueno que exista un espacio como el nuestro para eso, porque así se establece una demanda para que haya una elaboración más estudiada y consciente del trabajo.

Cada vez el listón está más alto. ¿Qué nuevas ideas están en proceso?

Este año, por el quinto aniversario de Fábrica de Arte Cubano, se cumplió un sueño que teníamos. Logramos llevar a cabo unos concursos para apoyar proyectos en distintas disciplinas. En el caso de la danza, se pidió a los coreógrafos, bailarines y estudiantes dentro y fuera de Cuba, pero siempre cubanos, que presentaran proyectos específicamente realizados para el espacio de danza de F.A.C. Se contó con un jurado de muy alto nivel y de esta manera se seleccionó uno de esos proyectos. Incluso el propio jurado está actualmente asesorando a la ganadora del premio y dándole seguimiento a su proyecto hasta su estreno aquí en diciembre del 2019.

Considero que llegar a apoyar la producción de un trabajo creativo, pensando en el espacio de Fábrica de Arte Cubano, significa un paso más a lo largo de estos cinco años. Fábrica de Arte Cubano es un lugar en proceso y eso es lo más hermoso que tiene, es un organismo vivo. Nos estamos todo el tiempo preguntando y cuestionando qué es lo que debemos hacer, cómo, por qué, qué no, qué sí, y a mí me interesa mucho que el espacio, cada vez más, genere pensamiento en acción respecto a la danza.

 

Sandra Ramy Aparicio (La Habana, Cuba, 1976)

Coreógrafa y bailarina de danza contemporánea egresada de la Escuela Nacional de Artes en la Habana en 1994. Como bailarina, trabajó con prestigiosas compañías y coreógrafos como Danza Abierta y Compañía Danza Teatro Retazos en Cuba, y como Constanza Macras y Norbert Servos en Alemania. Coordinadora del programa de danza en Fábrica de Arte Cubano. Durante un largo período realizó producciones de manera independiente hasta que en 2013 creó el grupo Persona que agrupa actores, músicos y bailarines.  

 

 

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Acerca de:

Kaisa García Hernández

Investigadora del arte danzario. Máster en Artes Escénicas, Universidad Rey Juan Carlos, Madrid, España. Anteriormente graduada como Licenciada en Arte Danzario, especialidad Ballet, Instituto Superior de Arte en Cuba. Ex- Bailarina profesional y profesora del Ballet Español de Cuba y del Ballet de la Televisión Cubana.

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