LOÏE.

“Danzar en casa” y “Danza a la deriva”, dos luces de esperanza en la noche oscura de la banalidad del mal

16 de April de 2026
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Tiempos oscuros, tiempos arduos y turbios los que estamos viviendo. Seguro que la historia siempre ha entreverado luces, sombras y numerosos grises, pero ahora es dolorosamente evidente que estamos asistiendo a los intentos de implantar un dominio de clase, imperial, desembozadamente cruel, cínico, arrogante, imbécilmente patriarcal, genocida y racista, que se sueña total, invencible. Quizá lo único nuevo es la transparente desvergüenza, la insolente exhibición de una prepotente maldad que se quiere impune. Pareciera que no hay lugar más que para la desesperanza. Es claro que la política opresiva busca instalar en nuestros ánimos esa visión apocalíptica, la de que sólo nos es posible aceptar resignadamente la derrota… Pero no es así, nunca ha sido, ni será así, la resistencia existe, la capacidad poiética social de las y los y les nadies también tiene historia, permanencia, constancia, corazón y sabiduría. También -en medio de este tiempo de sombras- se están aventurando otras formas de civilidad, de afectividad, de construcción compleja de diversos sujetos sociales. Y puede pensarse que estos intentos son pequeños, modestos, casi gestuales, pero a mi juicio portan una enorme capacidad transformadora, porque muchos de ellos suponen una modificación en el terreno de los afectos.

Las subjetividades son también un territorio en disputa, se trata de un ámbito socialmente esencial, para nada intrascendente. En este sentido, recuerdo, por ejemplo, a Wilhelm Reich, quien nos mostró, en Psicología de masas del fascismo (Reich, 1972), por qué es necesario problematizar el contradictorio y complejo soporte afectivo del fascismo. Para dar lugar a un mundo social erótico (en el sentido amplio de la palabra) es del todo pertinente elucidar, complejizar, asumir la profunda centralidad social, civilizatoria, de lo afectivo.

Y como muestras de estos esfuerzos de construcción de otras subjetividades, amables y horizontales, en las antípodas de los paradigmas políticos tanáticos, pienso en dos hermosos encuentros dancísticos a los que he tenido la oportunidad de asistir: Danzar en casa y Danza a la deriva. El primero, dirigido por Lupe Díaz Beracierto, tiene lugar en la ciudad de Ciego de Ávila, en la provincia del mismo nombre, en Cuba. El segundo, convocado y guiado por Solange Borelli, se desarrolla en Sao Paulo, Brasil. Si bien estos encuentros pertenecen a diferentes realidades geográficas y sociales, me parece que coinciden en su apuesta ética/política/afectiva: la de romper con las habituales funciones posicionantes/jerarquizantes de las, los y les participantes de los campos dancísticos, en beneficio de posibilitar espacios de convivencia y diálogo horizontal, no competitivo.

Como es sabido, los encuentros/festivales suelen ser ámbitos de ingreso o confirmación de pertenencia legitimada (de acuerdo a los lugares comunes prestigiados y fuertes de los campos artísticos) a lo que el crítico literario uruguayo Ángel Rama denominaba la ciudad letrada (Rama, 1998), es decir, ese espacio de la reproducción simbólica del orden cultural/político dominante. Danzar en casa y Danza a la deriva se empeñan en desmarcarse de esta lógica de legitimación, buscan crear en la práctica otra civilidad.

Danzar en casa, por ejemplo, es un encuentro/festival “local”, que ocurre en una hermosa y pequeña ciudad del centro de la Isla, a siete horas en bus de La Habana. El evento está más pensado como una fiesta común que como un ritual de adquisición de prestigio. Lo dirige, como ya se apuntó, Lupe Díaz Beracierto, quien articula su iniciativa y los esfuerzos de su pequeña empresa cultural (Latin Luli´s Productions) al trabajo del Ministerio de Cultura, del Consejo Nacional de las Artes Escénicas de Cuba, la Dirección Provincial de Cultura, del Consejo Provincial de las Artes Escénicas y de la UNEAC en Ciego de Ávila. Pero, más allá de lo que este enjambre de siglas puede hacernos pensar en la tierra firme del continente, lo que produce Danzar en casa es la irrupción de la sociedad civil danzante de Ciego de Ávila. Danzan todas, todos y todes, decenas -si no es que cientos- de bailarines profesionales, aficionados y escolares de folklor campesino, de danza folklórica de cuña africana (particularmente de la cultura haitiana), de bailarines de danza contemporánea y de danza urbana, de danza de espectáculo, de danza queer, a quienes se suman las y los bailarines invitados internacionales (en las dos ocasiones en las que he podido asistir – en 2024 y 2025 – han sido de México, Paraguay, Italia y Brasil) y los y las espectadores que también danzan. No es un concurso, no hay un filtro de “calidad” o de “trayectoria”, o de separación entre “cultura popular” y “de élite” que jerarquice a las, los, les participantes: quien desee bailar, puede integrarse a las dilatadas presentaciones que se realizan en la plaza central de Ciego de Ávila y en los dos o tres poblados a los que el encuentro se traslada, porque se trata de un evento itinerante, inclusivo, en expansión, aglutinante. A lo dicho, hay que sumar que, en este encuentro, se hace homenaje a las y los maestros (verdaderos y verdaderas intelectuales orgánicos dancísticos), en especial a los directamente ligados a las culturas dancísticas populares. Danzar en casa permite testimoniar cómo es que las danzas -escénicas y no escénicas- cubanas son sujetos sociales diversos, vivos -vivísimos- que se extienden en el tiempo, entreverando generaciones, tradiciones y apuestas innovadoras. Este encuentro permite advertir, experimentar, cómo las y los cubanos habitan poiéticamente sus culturas kinéticas y cómo todos los diversos géneros dancísticos se han vuelto verdadero patrimonio común, colectivo. Por eso ahí, en esa pequeña ciudad de la dignamente plebeya Cuba, el Día Internacional de la Danza (habitualmente el penúltimo día de Danzar en casa coincide con el 29 de abril) se vuelve una fiesta horizontal, democrática, sonriente, ferozmente encarnada.

Danza a la deriva, encuentro soñado, convocado, guiado (aunque no dirigido en términos verticales) y sostenido por el espíritu libre de Solange Borelli, es también una apuesta por posibilitar formas comunitarias, horizontales, amorosas de convivencialidad. Como declara Solange, lo más importante en Danza a la deriva no son las presentaciones sino el encuentro en comunidad. Es necesario indicar que este encuentro define un primer posicionamiento: las obras convocadas deben estar arraigadas en la compleja realidad de la América Nuestra. Es una suerte de declaración política de principio: queremos constituirnos en nuestra propia centralidad. Esto no implica una cerrazón solipsista, pero sí una delimitación, una priorización. A partir de aquí, el encuentro se despliega en una amplia diversidad y horizontalidad: diversos géneros escénicos/performáticos/dancísticos, numerosas nacionalidades concurrentes, debate con la heteronormatividad y el patriarcado, apertura comprometida a la diversidad erótica, presencia de las culturas afro y de las comunidades originarias, etc. Pero, sobre todo, el encuentro se caracteriza por encarnarse en una larga conversación. Charlas, diálogos, después y antes de las funciones, en las comidas compartidas, en los diversos espacios de la casa comunitaria que nos ofrece su albergue, en los traslados, en las reuniones para reflexionar juntos, juntas y juntes sobre las obras, sobre la América Nuestra, sobre la escena. Largas conversaciones en portugués, español, portuñol y en lenguas originarias, en las miradas, en el danzar de la escena y de la fiesta, porque el asunto es dejarse afectar por lxs otrxs para conocerse, porque ya sabemos que un diálogo es verdadero si asume los desplazamientos, los descentramientos, la creación de espacios nuevos posibilitadores de encuentro. Danza a la deriva, almas en movimiento, porque este encuentro es sobre todo un amoroso dispositivo para desplazarse, para integrar el ruido y la incomodidad fructíferas que nos invitan a movernos, a danzar, a problematizar nuestras certezas (¿qué es lo dancístico, lo escénico, lo performático, lo valioso de una propuesta?, ¿cuál es el lugar del juicio crítico?, ¿cuáles son nuestras prenociones naturalizadas?). Y como se trata de afectarse, de conmoverse, la comunidad de cada encuentro va dibujando su forma, su rostro, a lo largo de los días en los que sucede esta constitución activa de comunidad. Por eso, aunque existe un plan, una programación, no se sabe exactamente cómo va a ocurrir el día. Vamos deviniendo, fluir que desbanca jerarquías y pretensiones de poder y que va desnudando almas, apuestas éticas y temperamentos. Complejidad deviniente de los pares impares. Nueva civilidad. Y, en este empeño de descentramiento, juega un papel muy importante la capacidad buenamente disturbadora de Solange y su equipo que nos sorprenden día a día a las, los, les participantes con lúdicas “provocaciones” que invitan al asombro y a la sonrisa. Y esto es muy importante, porque si bien en las obras, las coreografías, los performances, las instalaciones, las ocupaciones, no están ausentes los dolores, los quiebres, las fisuras de la América Nuestra, la sustancia afectiva del encuentro es la alegría que nace de la confianza. En un mundo en el que los poderes autoritarios quieren instalar como realidad intranscendible la competencia, el temor, el “sálvese cada quien como pueda y si puede”, la experiencia de la convivencia en una comunidad confiada, sonriente y diversa es toda una apuesta radicalmente tierna y civilizatoria.

Por supuesto que en las líneas precedentes sólo he podido hacer un esbozo de estos dos encuentros cuyas lógicas me parecen social y personalmente imprescindibles. Agradezco a Lupe y a Solange, a sus equipos de trabajo, a las, los, les participantes su empeño erótico de no ceder a la tiniebla. Y no es casual que se enuncien desde la capacidad felizmente irruptora de la danza. Que nadie nos quite nuestro derecho a ser sujetos danzantes, sabias y rebeldes corporeidades conmovidas, esperanzadamente movimientes.

 

Fichas técnicas

Danzar en casa. Directora: Lupe Díaz Beracierto. Fecha: del 27 de abril al 1º de mayo. Lugar: Ciego de Ávila, República de Cuba. Nota: este año el encuentro realizará su cuarta emisión.

 

Danza a la deriva. Plataforma latinoamericana de danza, performance y teatralidades. Directora: Solange Borelli. Fecha: del 12 al 22 de noviembre. Lugar: Sao Paulo, República Federativa de Brasil. Nota: este año el encuentro realizará su décimo tercera emisión.

 

Referencias bibliográficas

Rama Ángel (1998), La ciudad letrada, Arca, Montevideo

Reich Wilhelm (1972), Psicología de masas del fascismo, Editorial Ayuso, Madrid

Imágenes genitleza del autor del artículo.

 

About:

Javier Contreras Villaseñor

Profesor, coreógrafo, performer, autor de poemas y ensayos, se atreve en ocasiones con la fotografía y el video. Cursó estudios formales de literatura y cine en la UNAM. Es co-director del grupo dancístico interdisciplinario Proyecto Bará. Actualmente es docente en la Maestría en Investigación Dancística del Cenidi-Danza José Limón, en el Doctorado en Artes escénicas, artes visuales e interdisciplina del INBAL y en el Centro de Investigación Coreográfica (INBAL) del que fue director de 2012 a 2022. Ha publicado nueve libros de poesía y de varia invención (Cuadernos de humo, Cuaderno de Budapest, Cuaderno de Laura, Cuaderno sin sosiego, La Dueña o cuaderno del amor bueno o casi…, Cuaderno de Josep o del naufragio, Cuaderno de la amigada piel, Cuaderno de la luna creciente y Cuaderno de la promesa -a la distante-) y el libro Targum en una botella, cartas desde la danza, CONACULTA-INBAL, México 2013. Es miembro de la red descentradxs de investigación de la danza y perteneció a la Red Sudamericana de Danza.

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