LOÏE. 09

Un relato sobre Descentradxs, descentrar la investigación en danza

12 de November de 2021
By: Juan
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La red Descentradxs nace a principios de 2020, luego de una reunión que organizamos junto a Isabelle Launay y Marie Glon en el CCK en Buenos Aires en el mes de marzo. El encuentro duró una semana y participaron Monica Pinto y Lorena Hurtado de Chile, Rafael Guarato, Marianna Monteiro y Ana Teixeira de Brasil, Lourdes Fernandez y Javier Contreras de México, Patricia Aschieri y Paulina Antacli de Argentina, y Lucía Yañez de Uruguay. Todxs respondieron a una convocatoria que habíamos enviado en 2019 y decía lo siguiente:

Queridxs colegas,
Somos Juan Ignacio Vallejos (CONICET, IAE-UBA, Argentina), Marie Glon (Univ. de Lille, Francia) e Isabelle Launay (Univ. de Paris 8, Francia) y nos proponemos organizar un seminario internacional, cuya forma definitiva podríamos inventar juntos, acerca de la necesidad y el deseo de descentrar los Estudios de Danza con respecto al encuadre europeo y norteamericano en el que se desarrollan actualmente. Se trata de debatir las condiciones de un descentramiento a diferentes niveles: académico y metodológico, pero también historiográfico, estético, técnico, económico y social, entre otros.
Con el fin de poner en acción estas ideas, decidimos organizar un primer seminario en Buenos Aires entre el lunes 3 y el viernes 7 de marzo de 2020 y quisiéramos invitarlxs a participar. […] Durante este primer seminario, quisiéramos pasar un tiempo juntxs para discutir conceptos, compartir nuestras ideas, nuestras lecturas, dar a conocer las condiciones de la investigación en danza en nuestros respectivos países y proyectar acciones en común que podrían incluir potencialmente la creación de una red internacional de cooperación y de amistad profesional.

La idea de lanzar este proyecto – que luego de ese encuentro se siguió desarrollando a través de reuniones periódicas vía zoom y que hoy en día agrupa a más de 30 investigadores de todo el mundo – había surgido de varios encuentros que tuvimos con Marie Glon en Lille y en Buenos Aires entre 2015 y 2019. Por esos años, ella había obtenido su cargo docente en la Universidad de Lille, luego de haber trabajado y estudiado muchos años en Paris. En Francia, al igual que en Argentina, la capital concentra la mayor parte de la actividad cultural del país, así como los principales recursos económicos y sociales. Desde el momento en el que una persona se aleja del centro toda una estructura de poder subyacente se vuelve perceptible de manera clara. En mi caso, luego de vivir casi ocho años principalmente en Paris, había vuelto a Argentina en 2013 gracias a una beca de repatriación y había comenzado a trabajar como investigador en el CONICET. El cambio me había llevado a replantearme todo mi trabajo de investigación: su objeto, sus metodologías, sus referencias teóricas, sus interlocutores. Comencé a experimentar con mayor claridad las dinámicas de exclusión y las asimetrías entre investigadores con sede en países europeos o EEUU y el resto del mundo. Las diferencias tienen que ver con los recursos disponibles, pero también con los niveles de exigencia y la estabilidad laboral. En concreto, ambxs pudimos visualizar lógicas de poder que, a pesar de haber estado siempre ahí, comenzaban a tener un lugar preponderante en nuestra cotidianeidad. De ahí surgió la idea, pero también la necesidad de reflexionar sobre estos temas de manera colectiva.

Confieso que mi primer impulso fue intentar trasladar el enfoque de las teorías decolonial y poscolonial a la investigación en danza; fueron Marie y luego Isabelle quienes me convencieron de explorar en su lugar el concepto de descentramiento. Es decir, un concepto que remite a fenómenos ligados al colonialismo, pero que no se alinea directamente con una teoría en particular. El descentramiento puede usarse para visualizar un cambio en la propiocepción o puede sugerir una forma de desidentificación con respecto a un paradigma determinado, puede remitir a una idea de apertura, pero también a la subversión de un orden. Descentrar es correr el foco de la mirada, pero también experimentar un desequilibrio, una pérdida del eje corporal o espiritual. En definitiva, el concepto puede concebirse desde un enfoque decolonial o historiográfico – incluso geográfico –, pero también desde la teoría de la danza o desde la misma práctica artística.

Retrospectivamente, creo que esta apertura fue una buena decisión porque tomando el enfoque decolonial de manera exclusiva se manifestaba una tensión inherente al objeto mismo que podía llegar a ser paralizante: la danza contemporánea y, en general, la danza escénica se difunde en los países que fueron colonizados como parte de aquello que autores como Aníbal Quijano identifican como europeización de la cultura. El concepto mismo de danza escénica occidental es parte de una cosmovisión colonialista del arte, con sus referencias canónicas y sus centros de validación internacional definidos. De hecho, los enfoques anticolonialistas más radicales suelen proponer directamente el abandono del campo artístico (una propuesta que en el caso de la danza tiene una resonancia bastante importante, ya que no es una práctica que esté necesariamente ligada a la escena o a la creación de obra). Sin embargo, en nuestro caso queríamos seguir investigando sobre danza escénica con lo cual el desafío era otro.

Uno de los elementos sobre los cuales veíamos la necesidad de un descentramiento era el de la mirada colonialista desde la cual se había concebido la historia universal de la danza. Susana Tambutti fue una de las primeras investigadoras en danza que identificó este problema desde la cátedra de Historia de la danza en Argentina en la UNA. Allí, apuntó fundamentalmente a desarrollar una crítica del colonialismo implícito en la historia universal y a subrayar el modo en el cual la historiografía de la danza en varios países latinoamericanos también repetía lógicas colonialistas. La escritura de la historia es una de las formas más importantes que adopta el colonialismo estético, pero no es la única. Personalmente, creo que la colonialidad se encuentra en la base de cierta experiencia de la precariedad del trabajo artístico que remite a condicionantes económicos, históricos y estéticos. Dar cuenta de esto no supone poner en duda la solidez de la danza en Argentina como objeto de estudio, sino tomar en cuenta que se trata de un objeto histórico y estético que se construye indefectiblemente en diálogo con la colonialidad como problema y como condición.

Pero el asunto no terminaba allí. Lo que Marie e Isabelle aportaban era la dificultad inherente al descentramiento de la mirada colonialista. Tomando en cuenta las contribuciones de Fabián Barba, sabemos que existe una ideología hegemónica en el campo del arte que sostiene que toda producción estética periférica debe ser leída como algo “pasado de moda”, es decir, como un objeto que representa un estadio en la evolución artística que ya fue experimentado y “superado” en el centro. El alejamiento geográfico con respecto al centro supone un retroceso en el tiempo. El concepto clave detrás de esta ideología es la idea de progreso en el arte. Ahora bien, lo que planteaban Marie e Isabelle era la dificultad subjetiva y, por ende, perceptiva que significaba para una persona formada en el contexto del arte europeo, observar el arte producido en espacios no-céntricos y no reproducir ese preconcepto colonialista. Por otra parte, es una experiencia conflictiva que, como latinoamericanos, tampoco nos es ajena, aunque de manera inversa. ¿Cómo podemos descentrarnos de nuestra propia concepción de belleza? ¿Cómo tomar distancia con respecto a la carga histórica y estética que porta nuestra mirada o nuestra predisposición a experimentar una obra? ¿Cómo evitar medir nuestra aceptación de una propuesta dramatúrgica en función del autor y de las condiciones de producción y circulación del trabajo? El descentramiento como tarea nos plantea ese desafío.

El último elemento sobre el cual queríamos trabajar tenía que ver con una reflexión sobre las condiciones de producción académica. La mayoría de los integrantes de la red Descentradxs trabajamos en universidades o en centros de investigación científica. En ese sentido, estamos cotidianamente atravesados por las exigencias que la ideología neoliberal fue imponiendo al trabajo académico: competencia exacerbada entre pares, autoexplotación, productividad desmedida, vedetismo intelectual. El descentramiento con respecto a los relatos históricos y a la hegemonía estética también debía incluir un espacio de reflexividad con respecto a nuestras propias formas de producción y a los padecimientos que esas prácticas generan. El intelectual es un trabajo de mucha exposición que suele colocarnos en situaciones de fragilidad. Reconocer esa fragilidad también implica un descentramiento.

Desde marzo de 2020, Descentradxs mantuvo reuniones periódicas en donde se discutieron textos propios y ajenos que fueron contribuyendo a ampliar nuestras ideas. Paralelamente, editamos dos números especiales de la revista Arte da Cena de la UFG de Brasil y participamos en varios paneles y reuniones científicas. Nuestro objetivo actual es el de funcionar como una plataforma de intercambio que contribuya a desarrollar la investigación en danza y performance desde estos principios, tratando de llegar a la mayor cantidad de gente posible. El descentrar(se) como un trabajo constante e interminable.

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