LOÏE. 08

El alma como (in)verosímil de la danza

2 de April de 2021
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Castadiva: Diarios de pandemia, dirigida por Mónica Fracchia. Interpretación: Gabriela Barroso, Vanesa del Carril, Agustina Flynn, Agustina Ciancio, Valentina Paula Martínez, Fiamma Topini, Florencia Mangione, María Angela San Martino, María Eugenia González, Gala Lucía Di Benedetto, Leonardo Barri, Cristian Paillamán, Miguel Fernando Santillan, Liber Franco, Glenda Casaretto, Milagros Guchea, Noelia Priotti, Agustín Visetti, Marcos Olivera. Música: Les Tambours du Bronx, Luigi Boccerini, Antonio Vivaldi, Jules Massenet, Frédéric Chopin, Philip Glass. FIBA. Vivamos cultura. Función: 28/02/21.

Camina, Corre y Baila (Crossroads), dirigida por Margarita Bali. Interpretación: Luciana Glanc, Ana Deutsch, Nora Codina, Maricel Di Mitri, Laura Torrecilla, Facundo Mercado, Wayra Mercado, Sandro Nunziata, Virginia Ravenna, Fabiana Capriotti, Rodolfo Prantte, Johanna Merschon, Brenda Paiva, Carolina Sborovsky, Laura Migliorisi, Ingrid Migelson, Johana Franciga, Lautaro Cappella, Lucia Gabriela Calcagno, Noelia Ugade, Yamila Iametti, Walter de Rochi, Miel de Rochi, Violeta Solaas, Ludmila Somma, Valeria Solarz, Nico Neistat. Música: Gabriel Gendin. FIBA. Vivamos cultura. Función: 27/02/21.

El año sin tiempo, dirigida por Federico Fontán. Guion y codirección: Candelaria Frías. Asistencia de dirección: Julieta Ciochi. Interpretación: Delfina Campagnoli, Facundo Aguilar, Irupé Montiel, Lucía Girardi, María Emilia Gette, Magdalena Benítez, Paula Fernández Ruiz, Rebeca Stragazzi, Sofía López Bravo, Victoria Vides, Micaela Ortiz, Lucas Córdova, Emilia Vera Córdoba, Carla Minteguiaga. Música: Jiva Velázquez. FIBA. Vivamos cultura. Función: 27/02/21.

La forma va abriendo sentidos, el espesor de los sentidos hacen a la materia cuerpo en danza, el trayecto deja trabajar al tiempo, el tiempo nos devela el espíritu de las cosas. Perder la forma humana para encontrar puntos de vista de sí que nos dislocan, que nos interrumpen el discurso de razones. ¿La vida sigue a la forma o la forma a la vida?.
Rhea Volij, Perder la Forma Humana

 

Castadiva: diarios de pandemia es una de las tantas obras que hicieron su aparición en la 24° edición del FIBA (Festival Internacional de Buenos Aires) bajo la temática del cómo hacer(nos) de danza desde un tablado espontáneamente virtual. Todo era extrañamiento y turbación por marzo de 2020; la pandemia llegaba para quedarse, lo sabíamos, sí, pero (des)conocíamos el porqué así como su hasta cuándo. Había que acomodarse, adaptarse y aprender a ser un “nuevo nosotrxs”, siendo un “viejo yo”, dando por entendido más cosas de las que el tiempo nos permitía entender. Y la danza tuvo que prorrumpir desde todos los anversos y confines de su (propia) definición, para poder (re)nombrarse.

 

El juego de la vida: “Improvise, todos los caminos son correctos”[1]

Hay, en Diarios de pandemia de Mónica Fracchia, una clara poética del cuerpo en aislamiento que en su intencionado relato dividido en tres partes, deja de manifiesto el arrecife del reloj, el estatuto de una escalera o el arrobo de una mesa de mármol como proscenio para una narración que hace, y sabe decir “cuerpo” en su última tasa. Cuando lxs bailarines se encuentran, corren, caminan, saltan uniendo en colectivo lenguaje, vocales y consonantes logran forjar un solaz epílogo de sustancia danzante que conspira contra un final, (in)útilmente, anunciado: el cuerpo no muere, se transforma y resiste, revoluciona y embiste, bien sea formal o matéricamente, en esta vida como en otra(s).

El año sin tiempo: nosotrxs somos la danza

(…) De la danza aprendemos que la materia no es estúpida, no es ciega, no es mecánica, sino que tiene ritmos, tiene lenguaje, y es auto-activada y auto-organizante. Nuestros cuerpos tienen razones que necesitamos aprender, redescubrir, reinventar.
Silvia Federicci, In Praise of the Dancing Body

 

Siguiendo con el tema del ASPO (Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio), ¿qué hace la danza cuando su territorio es físicamente otro, y no sabemos bien cuál; cuando el otrx es una imagen en movimiento y lxs otrxs, por consiguiente, son cientos/cientas más? Buscar qué contar parece ser la primera y excusada opción.

Así plantean su obra (sin tiempo) Federico Fontán, Candelaria Frías y Julieta Ciochi, haciendo base en la indagación de la virtualidad, el zoom, el meet, y todas las configuraciones espaciales que son el madero desde donde empezar a dialogar sobre esxs otrxs y su corporalidad online. La pieza es un tras bastidores de ella misma, retrato del retrato, una copia de la copia que se supone real. ¿Qué hay detrás de lo que vemos en pantalla? O más bien, ¿hay un detrás? ¿De qué trata ese detrás? ¿Cómo está rectificado, de qué (nos) habla? No hay un lenguaje nuevo y suficiente, como tal, para la proliferación de obras que hablan de lo mismo y es de este modo que, en su abordaje, El año sin tiempo asume el riesgo de no indagar en la manera de ser original, sino de contar(se) a medida que lxs bailarinxs sienten y son.

La mirada que tiene la danza sobre la pandemia es apoderada, ciertamente, por lxs que ponen el cuerpo, la palabra y la voz para seguir bailando a pesar del COVID-19. Este es uno de los núcleos más fuertes que subyace como corazón de la acción. El registro de sus emociones, pasiones, reconcomios o problemáticas diarias son temas que se van tejiendo galanamente junto a la belleza explosiva y expresiva de cada unx de lxs protagonistas. Y así es que encontramos un cielo que atardece en el movimiento de un equino junto a su par danzante en el medio de un campo, otro que nace bajo el ala de una ducha quitapenas, y así más, que se (des)visten en una plaza, solo en apariencia desierta, como unos/otros con beldad de patio, como centro por fuera de la ciudad. No hay límites para todo lo que oímos, sentimos y vemos; hay una idea de infinito, de especie en transición, de reflexiones, inflexiones y flexiones. De no saber bien qué hacer con esto que nos pasa, pero sí dejar que nos ocurra para poder llegar al final de la trama, una y otra vez, una y otra vez… hasta (re)nacer.

Camina, corre y baila: yo creo en la danza

Luciana Glanc, protagonista del genial video danza de Margarita Bali, es la representación de cualquiera de nosotrxs en los meses de estricta reclusión. La obra contiene el temor, las dudas, la confusión, el atosigamiento dado por la primera etapa de pandemia, en la que todo era pánico y (des)información. Ella camina repiqueteante, resistiendo con pasos de baile su agreste transitar por las calles del barrio de Colegiales. Buscando, sin buscar, caras y (más) caras de miedo, miradas serias, misteriosas, fijas y escurridizas, todas ellas de tinte y textura poética, pero espeluznantemente reales. Margarita logra (re)recrear el clima que se vivía por entonces, que es “acá y hace poco” (nada, en verdad), en las danzas que se suceden y acumulan en lxs que acompañan la “travesía” de unas pocas cuadras de Luciana.

La obra es una instantánea reveladora, un relámpago de factor efímero, pero concluyente. A pesar del mundo como figura de un comienzo plagado de catástrofes y designios trágicos, la danza, como sinónimo de movimiento, no se apaga, no se estanca, no se amorra. Y no lo hará, porque el planeta, sea con o sin nosotrxs, seguirá caminando, corriendo, pero sobre todo bailando.

 

*Las imágenes que acompañan este texto son capturas de pantalla realizadas por la autora de la crítica.

[1] Tano Verón.

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Marina Julieta Amestoy

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