Una lectura de lecturas

13 de July de 2026
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Aurora, un prólogo a la historia. Idea y dirección: Mariela Ruggeri. Intérpretes: Jesica Saud, Armando Ressi y Rina Lilia. Música original: Fabián Kesler. Diseño visual: Euclides Pérez Arismendi. VJ / Operador de video: Luciano Guallart. Vestuario: Marisa Sandra Di Seri. Iluminación: Miguel Angel Solowej. Archivo: Fundación Memoria del Genocidio Armenio, Proyecto MARA, Eduardo Kozanlian, Project SAVE. USA, Roberto Malkassian, Armin T, Wegner. Aerea Danza, Bartolome Mitre 4272 (Almagro, CABA). Función: 13 de Junio.

 

Cada vez más raro -proseguía Benjamin- es encontrarse con gente que pueda narrar algo honestamente. Con frecuencia cada vez mayor se difunde la perplejidad en la tertulia, cuando se formula el deseo de escuchar una historia. Es como si una facultad que nos parecía inalienable, la más segura entre las seguras, nos fuese arrebatada. Tal, la facultad de intercambiar experiencias. 
El narrador, Walter Benjamin, 1936.

 

Imágenes de una caravana recorren el espacio y lo envuelven, colman las paredes mientras los armenios van caminando en la aridez del desierto, evocaciones de una historia, recurre un niño tendido en el suelo. Estamos entre montañas, ellas enmarcan la escena. Dentro de las pantallas, entre la niebla, surgen los cuerpos de ellas y de él, son tres, sus identidades quedaron detenidas allí, en la bruma que borronea los contornos, donde señalan las miradas que se pierden en la lejanía. La puesta en escena favorece y apoya la percepción de estar en un lugar fuera del cronotopo.

Los intérpretes, cuyos textos son adaptaciones y recortes del libro de Eduardo Kozanlian, Subasta de almas, Armenia arrasada (EDIAR, 2022), ponen el cuerpo para decir e interpretar el advenimiento de Aurora. La tríada que conforman habilita la emergencia de ella, la niña arrebatada de infancia, hacia la historia, que sobrevive para ser contada. 

Aurora, un prólogo a la historia es una pieza de teatro físico, catalogada como “docudrama”, donde se narra la historia de una sobreviviente del genocidio armenio, Aurora Mardiganian (Arshaluys Mardiganian). La elección de un género es una manera de plantear un problema (la memoria, en este caso) y permite inscribir un texto(obra) en un discurso, allí es donde la lectura opera (siempre cargada de ideología) y atraviesa transversalmente el sentido.  

¿Cuál es la punta del hilo del que hay que tirar para comenzar este texto crítico? Una lectura de lecturas, lo que hace el arte en nosotros y en sí mismo. 

Aurora trabaja con el cruce de lenguajes, entrelaza la danza, el teatro, la literatura y el trabajo audiovisual. Los recursos técnicos toman cierta preponderancia pues nos impactan no bien entramos en la sala, que, inundada de humo, evidencia un no-lugar. El recorte escénico está dado por los telones que lo enmarcan, y que funcionarán también como pantallas a lo largo de la pieza. Los tres intérpretes ya están, y estaban, instalados allí desde mucho tiempo antes. Con el movimiento de sus manos retratan cuerpos crispados, detenidos en la historia, que se vuelve cíclica cuando se adeuda la palabra.

Yael Szmulewicz

 

En torno a lo interdisciplinario, cabe una reflexión sobre las estrategias que logran construir un territorio posible de convergencia de los lenguajes que se ponen de manifiesto, con la finalidad de enriquecer y dar cuenta de una narración fundada en un sufrimiento colectivo. El cruce ya no es meramente técnico. La lectura también sostiene que desde la danza podemos abordar otros subgéneros e historizar a partir de movimientos cortantes, nítidos, anclados al espacio y sostenidos a lo largo de la interpretación. Elles van componiendo un relato que en el cuerpo se refleja a partir de inversiones, acumulaciones, saltos, y por momentos, se permiten pinceladas de performatividad e improvisación, en cuanto la narración recorre tanto la articulación de textos extraídos del libro de Kozanlian como el balbuceo (ese-no-poder-decir repercute en el cuerpo y construye un movimiento). En estos modos de contar desarrollan la materialidad de la voz mientras la bruma se va abriendo, los tres sostienen y acompañan la transformación de Aurora. 

Sobre los telones aparece proyectado un material de archivo fílmico, documentado, citas textuales (el sentido de la palabra y a su vez la manera gráfica de presentarse en escena) coexistiendo con danzas de fuerte carácter técnico contemporáneo. La elección de esta simultaneidad de capas es una manera de circulación del sentido. La danza abre la posibilidad a un tipo de narración donde el cuerpo es el que transmite la historia y labra la palabra que determina algún sentido posible.

Desplazar el sentido y hacer metáforas.

Yael Szmulewicz

 

Asciende la bruma, desaparecen ellos. Luminiscencia salvaje, la jaula de ramas, o un alambrado de púas, campo detenido donde la bestial jauría retumba de instinto en la despedazada carne. Las fieras en lo rojo y el sonido filoso realizado en movimientos cortantes, sonidos de gruñidos, babean salvajismo. Se cierra la trampa, el tejido del texto, los cruces hacen la trama. Es una remembranza. ¿Por qué se ríen? ¿Es llanto? ¿Desolación? ¿Locura?

La pregunta de ellos en el desierto sigue siendo por Dios. Al fondo, sobre un altar, una sacerdotisa sin templo enhebra fibras de cabellos que diagraman un mapa invisible, uno, tres y dos, una que cose, como lo hacen las moiras, los hilos del destino, enlazando con las manos puntos distantes de la historia, uno que sostiene firme y acompaña generosamente para que ella sea aparecida. La lectura enraiza el sentido. 

Observo un hombre colgado, expuesto como castigo. Leo el texto que se multiplica en las paredes –me gusta como la palabra inunda un espacio, la letra se puede inscribir en la escena con un cuerpo adentro, siempre la palabra tiene un cuerpo-. ¿Cuál es el camino trazado? La pantalla se quema, la tinta se expande manchando la superficie. Quedan las letras grabadas e impresas en las paredes del fondo. De la niebla emerge una mujer que fue vendida por el color de sus ojos y la fuerza de sus dientes. Entre los tres componen a Aurora, como si cada uno fuera una parte de ella, un sitio desierto en el recuerdo, evocación vívida de lo yermo. Un recuerdo que vive.

El tiempo se presenta recursivo, la obra vuelve a comenzar, no hay un final, es un inicio perpetuo, varía algo en la luz, los títulos marcan el final. Lo que no es nombrado vuelve subrepticiamente a susurrar el peligro.

Yael Szmulewicz

 

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Mercedes Osswald

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