LOÏE.

Hacer cuerpo las palabras

Entrevista a Roma Vaquero Díaz sobre su nuevo libro “Archivo para recuperarme”.

16 de abril de 2026
Disponible en:
Español

La publicación de Archivo para recuperarme, el libro de Roma Vaquero Díaz, es el punto de partida de este encuentro. Nos citamos en su estudio, un espacio que comparte con otrxs artistas y que queda al fondo, luego de superar una escalera por la que entra una luz desde arriba que me invita, casi sin querer, a levantar la vista. Mientras subo, el ruido de la calle va quedando atrás, y al llegar al último peldaño, el cielo se abre de golpe: despejado, cercano, casi al nivel de los ojos. Esa aparición —el cielo suspendido antes de entrar— permanece unos segundos conmigo antes de cruzar la puerta.

Adentro, el espacio se organiza como una especie de mapa de trabajo. A la derecha de la entrada, la pared está cubierta por fragmentos de textos y fotografías de obras anteriores de Roma, pegados directamente sobre la superficie de cemento, como si las piezas siguieran dialogando entre sí. Frente a su escritorio, una biblioteca reúne materiales de investigación y lectura. Y sobre otra de las paredes aparece algo distinto: una suerte de cronograma visual dedicado a Archivo para recuperarme. Hay anotaciones, imágenes, fechas de presentaciones, ideas en proceso. Más que una planificación cerrada, parece un archivo en movimiento, donde el libro convive con lo que ya sucedió y con lo que todavía está por venir. Todo está dispuesto con atención, pero sin rigidez: el entramado no aparece como algo terminado, sino como un proceso que sigue activo.

En el trabajo de Roma el cuerpo no aparece como tema, sino como superficie donde algo insiste. Performance, fotografía y escritura se entrelazan como distintas formas de acercarse a una misma pregunta. En su manera de hablar —atenta, pausada— esa pregunta se formula más como una necesidad que como una teoría: cómo escribir un cuerpo sin volver a fijarlo, cómo mirarlo sin encerrarlo en una imagen, cómo nombrar lo que fue silenciado sin volver a disciplinarlo. El libro condensa esa investigación. Funciona como una extensión material de una práctica que ya venía trabajando por capas. Se ofrece como un cuerpo que se recorre: por pliegues, por zonas de intensidad, por interrupciones. En sus páginas, conviven fotografías en blanco y negro, archivos intervenidos, escrituras que avanzan y retroceden, voces que se acompañan. Lo clínico y lo íntimo, lo documental y lo ficcional no aparecen como opuestos sino como fricciones que sostienen la misma búsqueda.

Ph Lucrecia Esteban

En Archivo para recuperarme la artista pone en relación distintas capas de memoria y permite que aparezcan en registros diversos. Durante la charla, esa misma lógica se reconoce en la manera en que Roma habla de su trabajo: el archivo como materia viva, la escritura como acto corporal, la imagen como espacio de encuentro. Entre mate y mate empezamos a conversar.

¿Cómo empezó este proyecto y en qué momento apareció la idea de darle forma de libro?

Este proyecto empieza en 2020, casi sin saberlo. No tenía un objetivo ni un formato. Fue un gesto íntimo, de supervivencia, en pleno duelo por la muerte de mi mamá. Empecé dibujando autorretratos a partir de mi foto de DNI y escribiendo textos alrededor de algunos sucesos. No pensaba hacer un libro ni compartirlo con nadie. Con el tiempo, la escritura se fue multiplicando y las imágenes se fueron performativizando. El proyecto insistía en convertirse en algo, aunque yo no sabía qué. Recién en 2024, cuando empecé a trabajar con la editorial, apareció la idea de una novela performática.

 

Cuando hablás de novela performática, ¿cómo la definirías?, ¿qué elementos sentís que la vuelven performática?

Es performática porque, aunque es un género narrativo, está relacionada con el cuerpo y el tiempo. Es una escritura expandida: no se construye sólo desde el lenguaje verbal, también hay imágenes, dibujos, historias clínicas. Y es performática, también, porque el hecho de escribir no cuenta algo del pasado, sino que permite que algo acontezca. La escritura acciona cosas sobre mi corporalidad, mi historia y también sobre la historia de quienes devienen personajes. Además, necesita de quien lee. Sin esa participación, la historia no se construye. Por eso hay porosidad, baches, fragmentos. La novela necesita de esa voluntad y de esa construcción compartida.

En relación con la idea de escritura expandida, ¿qué lugar ocupa el cuerpo en su vínculo con la palabra?

Cuando hablo de escritura expandida, además de las imágenes y el dibujo, como dije recién, incluyo la acción. Todas son escrituras que trabajan con tiempo y espacio. En la división moderna, la escritura entra dentro de esa lógica de lo mental, como superior, y la acción o el movimiento se ubican dentro de lo corporal. Me interesaba igualar esas jerarquías. No creo que la palabra fije más que el movimiento. Un gesto, un modo de hacer pueden transmitirse de generación en generación con muchísima potencia. Hacer del cuerpo las palabras es una búsqueda por otros modos de decir y de vincularse. No para fijar, sino para insistir en el decir.

Ph Lucrecia Esteban

En tu práctica aparecen de manera constante el cuerpo, la escritura, la imagen y la performance. ¿Cómo se articulan estos lenguajes en tu forma de trabajar?

Mi eje siempre es la corporeidad como materia sensible. A partir de ahí van apareciendo los medios que el proyecto necesita. Las imágenes no funcionan como registro de algo pasado: construyen ficción. Se performativizan en sí mismas. Empiezan a existir cuerpos a partir de la imagen (estas mujeres, figuras que atraviesan el libro en fotografías intervenidas, fragmentos clínicos y escenas narradas).  No solo se construye la ficción por lo que les sucede a ellas, sino por darles un cuerpo con materialidades de otros cuerpos ya existentes. Es algo casi como un Frankenstein. Por eso también hablo de autoficción: no es totalmente inventado ni totalmente real. Uso partes de mi propio cuerpo y de mi historia para que eso exista.

*

Al leer el libro, esa lógica se vuelve visible. La publicación se arma como una serie de capas: fotografías intervenidas que no terminan de estabilizarse, textos que avanzan y se interrumpen, documentos clínicos desplazados de su función original. Al pasar las páginas, el cuerpo aparece no sólo en lo narrado sino en el ritmo mismo de la lectura: hay cortes, repeticiones, zonas de silencio. La corporeidad no está solo en los personajes, sino en la edición, en la manera en que las imágenes se superponen y en cómo el papel sostiene esas fricciones. Esa lógica —la de un archivo que no fija sino que activa— vuelve inevitable la pregunta por lo que significa, en este trabajo, la palabra archivo.

¿Qué lugar ocupa la idea de archivo en este proyecto?

La palabra archivo aparece desde lo ficcional del nombre del libro. Archivo para recuperarme es la voz del personaje, no la mía. Ella dice: “para rescatarme, para volver a mí, necesito armar este archivo”. A partir de ahí, cuando empiezo a trabajar en el proyecto, ese archivo se vuelve un archivo vivo, experimental. Están las historias clínicas, las antihistorias clínicas, los dibujos, los test intervenidos. Pero también están las presentaciones del libro en distintos espacios, ellas mismas son performáticas. En cada una el archivo se amplía. En Pergamino, por ejemplo, mi lugar de origen, personas que me conocían leyeron partes del libro y sumaron sus voces.  Aparecieron relatos familiares e historias que se transmiten más desde lo ficcional que desde los papeles. En Buenos Aires, durante la presentación realizada en el ex CCK, participaron el editor y una de las autoras del prólogo, y leímos también textos de otras artistas. En Madrid, hicimos una performance-recorrido por el barrio, bajo la lluvia, y la gente de los alrededores se iba sumando. El libro pasó de ser algo íntimo a convertirse en algo colectivo y público.

Pergamino_Ph Ayelén Luzuriaga

En el libro hay una fuerte presencia de la fotografía. ¿Cómo pensás el rol de la imagen en relación con la escritura y el cuerpo?

Tiene que ver con mi investigación sobre el Hospital de La Salpêtrière y el doctor Charcot, que creó el primer servicio de fotografía hospitalaria. Él creía que mirando la corporalidad de sus pacientes podía diagnosticarlos, por lo que necesitaba registrar esos movimientos. Ese tipo de fotografía tiene mucho en común con la fotografía judicial. Después, esas formas pasan al arte contemporáneo y a la foto-performance. Me interesaba poner en relación ese origen: cómo alguien podía leer un cuerpo, diagnosticarlo y encerrarlo. La foto-performance es eso: una imagen que te lleva a pensar el movimiento siguiente. No se fija en un punto, sino que sigue.

La materialidad del libro también es muy importante. ¿Cómo fue el trabajo con la editorial en este sentido?

La risografía —un sistema de impresión semiartesanal que trabaja por capas de tinta y deja pequeñas variaciones en cada pasada— es la forma de impresión que usamos. Cuando decidí publicarlo, armé una maqueta y me reuní con Federico, de La Balsa Editorial. Yo necesitaba ser parte del proceso de visión y armado del libro. Elegimos imprimir pliego por pliego: cortar, medir, girar, imprimir del otro lado, darle vida a cada parte, construir ese cuerpo que es el libro. Cada tapa tiene una leve inclinación distinta, para que cada ejemplar sea único. Trabajamos durante ocho meses, reuniéndonos una o dos veces por semana. Fue un proceso. La materialidad era clave: me interesaba más el papel de archivo, de carpeta, ese papel que guarda, que acumula, que se usa y se marca, que una idea de fotografía cuidada, nítida y cerrada. Las imágenes del libro no buscan una calidad pulida, sino conservar algo del documento intervenido, del material que circula y se manipula. También hay materiales que no están dentro del libro, pero aparecen en la tapa o en los detalles: sellos, inclinaciones mínimas, variaciones que hacen visible el proceso.

FELIFA-Leandro Albani

Ahora que el libro existe, ¿cómo sentís que continúa el proyecto?

Estoy muy contenta de que exista. Fue una condensación de todo ese universo en un cuerpo material. Ahora el proyecto está en un momento de expansión en el espacio: presentaciones, performances, una futura exposición con textos en audio e imágenes en tela. Ahora que el libro existe, tengo la libertad de abrirlo, desarmarlo. Lo que tenía que decir, se dijo. A partir de ahora puede ser fragmento, puede tener otra vida.

*

La conversación se va apagando, pero el libro sigue abierto. Como la memoria que propone, Archivo para recuperarme no se cierra: insiste, se desplaza, se deja tocar por otros cuerpos.

 

*Entrevista realizada el 16 de enero de 2026.

Fotógrafa de imagen principal Lucrecia Esteban

 

Acerca de:

Nora Moreno Macias

Es Licenciada en Curaduría en Artes (UNA), con posgrado en Gestión Cultural y Comunicación (Flacso). Actualmente forma parte del grupo de estudio y experimentación de curaduría en danza dirigida por Silvina Szperling. Además gestiona el Centro Cultural La Grieta, y es parte de la Cooperativa de Trabajo Cultura Creativa Ltda., que pone el foco en la integración de las artes con la acción comunitaria.

Ver publicaciones

Otros Artículos
Other articles